Alimentación de invierno: construyendo salud - NiceToEat

Alimentación de invierno: construyendo salud

Alimentación de invierno: construyendo salud
23/01/2018 Nice to Eat
En Consejos prácticos
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Nuestra alimentación de invierno debe responder a una premisa básica: aumentar y conservar el calor interior.

De acuerdo: el invierno puede ser una lata. Hace frío, llueve, anochece demasiado pronto y los catarros nos atacan con saña. Pero la estación de las nieves cumple, como todas, una función vital en el ciclo de la naturaleza, del cual formamos parte.

Y es que el invierno es la estación en que la naturaleza descansa, preparándose para resurgir con ímpetu en la primavera. Eso incluye también a nuestro organismo: desde un punto de vista energético, el invierno es tiempo de conservar la energía y de consolidar todo aquello que nos dará fuerza para los momentos más expansivos del año.

Si lo pensamos bien, el clima invernal nos invita a ello. Propicia que estemos más tiempo en casa, que descansemos bien y que tomemos buenos alimentos. Merece la pena armonizarse con él, llevando una alimentación de invierno que nos permita transitar la estación con salud y preparar nuestro cuerpo para la bonanza primaveral.

El Trastorno Afectivo Estacional (TAE) y el azúcar

Aparte del frío, una de nuestras sensaciones habituales del invierno es un cierto decaimiento de ánimo. La disminución de horas de luz durante el día no nos deja indiferentes y favorece lo que se llama Trastorno Afectivo Estacional (TAE).

Por ello en invierno es normal que sintamos abatimiento, irritabilidad, falta de concentración, ansiedad…Y que muchas veces intentemos contrarrestar esos síntomas consumiendo demasiado chocolate o hidratos de carbono refinados, en busca de esa inyección de azúcar que el cuerpo parece estar pidiendo.

El problema es que el azúcar nos acidifica y además produce una pérdida de minerales muy importante, principalmente en huesos, cerebro y riñones. El resultado: menos energía y de vitalidad física y mental. Justo lo que debemos evitar durante el invierno.

Por ello en la alimentación de invierno es muy importante:

  • Eliminar el azúcar refinado y sus derivados (bollería, refrescos, helados, chocolate).
  • Evitar el exceso de fruta, azúcar moreno, miel y sacarina.
  • Disminuir o eliminar el consumo de alcohol.
  • Limitar la proteína de origen animal (carne, embutidos, pollo, huevos y lácteos), priorizando en todo caso el pescado.

¿Cómo endulzar entonces? Pues recurriremos a melazas de cereales (arroz, cebada, maíz) o la stevia. Y, por qué no, a otras fuentes de dulzor como las frutas secas (pasas, orejones, ciruelas) o a la fruta fresca cocinada en compota o hervida.

Si estás siempre algo cansado…

…Estás teniendo otra sensación típica del invierno. Un cierto cansancio crónico puede ser causado por una condición ácida de la sangre. A nivel dietético, esto puede ser fruto de que:

  • Comes demasiadas proteínas animales, azúcar, lácteos, alcohol, especias fuertes, alimentos crudos y chocolate.
  • Tu cuerpo no absorbe o digiere correctamente.
  • Los alimentos y estilos de cocción que usas no son variados.
  • No consumes suficientes alimentos frescos y naturales.
  • Tiras demasiado de restos de comida o de comidas preparadas.

Para evitarlo es muy recomendable llevar una dieta simple y equilibrada, adaptada a la estación. ¿Cómo debe ser la alimentación de invierno?

Alimentación de invierno, consejos básicos

En general, la norma básica a seguir es que como el clima es más frío, necesitamos comer de manera que obtengamos más calor interior.

Para ello potenciaremos el consumo de:

  • Sopas y caldos con algas.
  • Hortalizas y verduras verdes a diario: aguacate, brécol, cardo, col (lombarda, verde, de Bruselas, romesco), grelos, hinojo, lechuga, brócoli, bróquil, alcachofa, acelga, berros, escarola, apio, espinaca, puerro, coliflor, endivia.
  • Verduras de raíz y redondas: nabo, calabaza, boniato, chirivía, cebolla, zanahoria, remolacha.
  • Plantas silvestres: artemisa, ortiga, lino, bardana, albahaca, manzanilla, enebro, canela, amapola, jengibre, regaliz, zarzaparrilla, clavo, mostaza, guindilla, romero, azafrán, salvia, tomillo, pimentón.
  • Cereales: el mijo y el trigo sarraceno son buenos para calentar el organismo. También el arroz integral de grano corto y la avena.
  • Proteínas: judía roja azuki, judía mungo, judía negra, lentejas, tofu, tempeh, pescado pequeño y crustáceos.
  • Algas: Kelp, dulse, nori, hiziki, espagueti de mar.
  • Fruta: caqui, granada, kiwi, lichis, mandarina, manzanas ácidas, membrillo, naranja, peras pequeñas, piña, pomelo.
  • Postres: de frutos secos o semillas de sésamo.

Y cuando estés ante los fogones…

  • Procura cocinar con llama baja y con poco movimiento.
  • Usa cocciones más largas que en otras estaciones.
  • Como estilos de cocción opta por el estofado largo, la presión, el horno, el salteado largo y los hervidos.
  • Aumenta un poco la cantidad de aceite en las cocciones.
  • Pon algo más de sal, sin pasarte, ya que ésta ayuda a la distribución del agua por todo el cuerpo. Otros condimentos salados que puedes potenciar son el gomasio (semillas de sésamo tostadas y sal marina), el tamari y el miso.

Como siempre, hemos intentado darte unas pautas generales que esperamos que te ayuden a plantearte la mejor alimentación de invierno posible. A partir de aquí, te invitamos a investigar preparaciones y recetas y, por supuesto, a consultar con un profesional de la nutrición cualquier variación importante que decidas hacer en tu estilo de alimentación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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